Cabo Verde

Isla de Sal- Palmeira

A dos horas de Canarias y frente a la costa de Senegal, en medio del Atlántico sobresale un archipiélago volcánico mágico: Cabo Verde.

Salí desde Holanda con destino a la Isla de Sal. Junto con Boavista las más turísticas y pobladas del país. El archipiélago se divide en dos: barlovento y sotavento que a la vez incluye 10 islas a cada cual más diferente entre sí.

Este viaje, que duró escasa semana, no me dio tiempo de ver más que la isla de Sal, además, me apetecía vivir la experiencia de disfrutar de la vida criolla y tener una estancia tranquila,  por eso me alejé de los resort y los hoteles para turistas y me alojé en una pequeña casa cerca de la capital, Espargos. A escasos 10 km está Palmeira, es único puerto de la isla y donde se respira la vida local. Y el Yatch Club y Nelly, su propietaria, me pusieron muy fácil conseguir mis objetivos.

Una pequeña bahía da la bienvenida a los barcos que vienen cargados de atunes, rayas y tiburón. En el mismo puerto, los pescadores limpian el pescado que se marcha fresco a su lugar de destino.

Hay una plaza con 3 bares/restaurante donde se concentra la vida caboverdiana. No están acostumbrados a que los turistas elijan esa parte de la isla para vivir, así que pude fácilmente integrarme con ellos, porque tenían la misma sed de saber que yo.

Los domingos, en Palmeira son día grande. Si bien la filosofía de vida es que todos los días son días de fiesta.  Todos los vecinos de las poblaciones de alrededores se juntan para tomar sopa de pescado, comer pinchos de carne, beber ponche y caipirinhas y bailar, bailar, bailar hasta que sale el sol en el Capricornio.

Volví enamorada de Palmeira, de su gente, de su sal de la vida.

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