Polillas blancas

Hace muchos años, en una terraza de piso compartido, mis amigas y yo hicimos una clasificación irracional del tipo de polillas que existían en Valencia. La clasificación acabó pronto. Estaban las negras y gordas, las grises y las blancas, éstas últimas eran las que más ilusión nos hacía ver.

Creímos con todas nuestras fuerzas que eran portadoras de buenas noticias. Así, sobre todo en vísperas de un examen, nos lanzábamos como locas a la terraza para verlas aparecer revoloteando en la triste bombilla que nos daba luz.

Así, esperando noticias alentadoras fuimos viendo pasar las polillas, cada una por su cuenta, y a veces con distinto tono de blanco.

Todo esto venía porque sin darnos cuenta vamos adquiriendo manías que se quedan con nosotros y de repente te descubres creyendo en cosas que fueron pasatiempos universitarios, intentando ver de qué color es la polilla a la que esta noche le ha dado por marear. Porque en el fondo deseas con todo tu ser que sea blanca y que por arte de magia todo se solucione. Sí, lo era, e irremediablemente me he puesto de buen humor.

One Reply to “Polillas blancas”

  1. SIIIIIIII!!!!! Juegos, que se convierten en creencias… ¡y que nos acompañan siempre! ¡A mi también, amiga! Una vez más me encanta lo que escribes… ¡y cómo lo escribes! Gracias por traerme tan buenos y regalados recuerdos…!!! (por cierto, gracias a vosotras siempre creí que lo de las polillas blancas era verdad… así que ha de serlooooo!!!) 🙂

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