Zona Cero

Hace poco más de un año empecé a deconstruir mi vida. Empecé a derribar muros que habían hecho de mi vida una perfecta caja cerrada y que me ahogaban por todas partes.

Primero fueron unos golpes secos, para tantear y que derribaron los muros más débiles, aquellos que se habían quedado a mi alrededor pero que poco aportaban, estos fueron fáciles y no supusieron ningún tipo de trauma.

Algunas de las paredes las derribé con sumo cuidado y con mucho amor. Habían formado departamentos en los que me había sentido confortable y feliz y de los que me costaba desprenderme, pero algo me decía que tenía que seguir saqueando a mi propia vida.

Después empecé a ver cómo había algunos, que por más que los zarandease y se tambaleasen, haciéndome creer que su caída estaba cerca, seguían ahí,  imperturbables. Aquí nació la rabia. Arrasé con casi todo lo que me impedía ser feliz, casi lo conseguí. Y digo casi, porque siempre había un muro que me resistía a tocar.

Se alzaba impasible y permanecía en el tiempo, volviendo una y otra vez, amenazando con convertirse en una habitación independiente y quedarse para siempre.   El sábado, sin esperármelo, di una patada que lo derribó. Con mucho cariño pero con firmeza salió volando por los aires.

Y ahora, me encuentro inmersa en una gigantesca zona cero que quiero levantar. Y aunque la situación no sea la más idónea , los ladrillos que yo necesito están hechos de ilusión, y al final estas cosas siempre salen bien. Mi zona cero tendrá una casa con una terraza enorme con vistas al mar, y así será cómo me harán sentir las nuevas paredes de mi vida.

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