Las tardes con mi abuela

Me encanta pasar tiempo con mi abuela, irme a verla y sentarme un rato a hablar con ella. Pasará a la historia de la familia, a parte de por haber sido una valiente, por decir lo que piensa sin pensar las consecuencias. Creo que es una de las cosas que he heredado de ella y caracteriza a la mayor parte de las mujeres de esta saga que somos. Me encanta que me cuente cosas de cuando era pequeña, me gusta acompañarla a comprar y que me enseñe los criterios por los que se rige una mujer a la hora de comprar un melón, por ejemplo  (es muy divertido, ya lo contaré en otro post). Cosas cotidianas que me ayudan a ser mejor persona.

Ayer me fui a pasar la tarde con ella, nadie la lleva al cementerio y sólo hace que pedirlo. Me comporte como esa nieta ejemplar que cree que tiene y para allá que nos fuimos. Odio ir a los camposantos, son tan tranquilos que siempre que voy llego a la misma conclusión. El día que me muera, que hagan conmigo lo que quieran pero que no me dejen para siempre allí. Que me ponga en un sitio donde haya ruido porque con tanta tranquilidad me convertiré en un alma en pena. Esto es así.

Retomando el tema del que quería hablar, y que hace que me encante pasar tiempo con ella, es que íbamos paseando entre las largas hileras buscando la tumba de mis bisabuelos, de camino,  si veíamos la lápida de algún conocido (para ella), repasaba en minuto y medio su vida, con la correspondiente valoración de si había sido bueno con ella o con alguien de nuestra familia. Esta pequeña disertación era suficiente para hacerle merecedor de una limpieza de lápida. Eso sí, primero las de casa y en un orden matemático y minucioso, equivalente al tiempo que se pasa limpiando cada una. Primero su padre, al que se le limpian hasta las flores, luego mi bisabuela se le quita el ramo para quitarle el polvo (pero ya no se lava) y después el padre de mi abuelo (pasada de trapo para limpiar la cara y ya ni ramo ni historias). Después de camino a la salida, dos o tres que “pobrecicos que solos se han quedao” y a mi es entonces cuando me aparece la sonrisa en la cara, cuando la veo agacharse,  a medida que acaba la frase para quitarle el polvo a aquel que no tiene quien le limpie.

Me encanta pasar tiempo con ella e ir descubriendo las tradiciones, y una forma de vivir que nosotros jamás hemos conocido y que por extrañas nos resultan divertidas. Y a mi me gusta que sea ella quien se encargue de transmitirme ese pozo de sabiduría que es la cultura popular porque entiendes comportamientos, y aprendes a comprender, cosa fundamental en los tiempos que corren.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *