Polillas blancas

Hace muchos años, en una terraza de piso compartido, mis amigas y yo hicimos una clasificación irracional del tipo de polillas que existían en Valencia. La clasificación acabó pronto. Estaban las negras y gordas, las grises y las blancas, éstas últimas eran las que más ilusión nos hacía ver.

Creímos con todas nuestras fuerzas que eran portadoras de buenas noticias. Así, sobre todo en vísperas de un examen, nos lanzábamos como locas a la terraza para verlas aparecer revoloteando en la triste bombilla que nos daba luz.

Así, esperando noticias alentadoras fuimos viendo pasar las polillas, cada una por su cuenta, y a veces con distinto tono de blanco.

Todo esto venía porque sin darnos cuenta vamos adquiriendo manías que se quedan con nosotros y de repente te descubres creyendo en cosas que fueron pasatiempos universitarios, intentando ver de qué color es la polilla a la que esta noche le ha dado por marear. Porque en el fondo deseas con todo tu ser que sea blanca y que por arte de magia todo se solucione. Sí, lo era, e irremediablemente me he puesto de buen humor.

Zona Cero

Hace poco más de un año empecé a deconstruir mi vida. Empecé a derribar muros que habían hecho de mi vida una perfecta caja cerrada y que me ahogaban por todas partes.

Primero fueron unos golpes secos, para tantear y que derribaron los muros más débiles, aquellos que se habían quedado a mi alrededor pero que poco aportaban, estos fueron fáciles y no supusieron ningún tipo de trauma.

Algunas de las paredes las derribé con sumo cuidado y con mucho amor. Habían formado departamentos en los que me había sentido confortable y feliz y de los que me costaba desprenderme, pero algo me decía que tenía que seguir saqueando a mi propia vida.

Después empecé a ver cómo había algunos, que por más que los zarandease y se tambaleasen, haciéndome creer que su caída estaba cerca, seguían ahí,  imperturbables. Aquí nació la rabia. Arrasé con casi todo lo que me impedía ser feliz, casi lo conseguí. Y digo casi, porque siempre había un muro que me resistía a tocar.

Se alzaba impasible y permanecía en el tiempo, volviendo una y otra vez, amenazando con convertirse en una habitación independiente y quedarse para siempre.   El sábado, sin esperármelo, di una patada que lo derribó. Con mucho cariño pero con firmeza salió volando por los aires.

Y ahora, me encuentro inmersa en una gigantesca zona cero que quiero levantar. Y aunque la situación no sea la más idónea , los ladrillos que yo necesito están hechos de ilusión, y al final estas cosas siempre salen bien. Mi zona cero tendrá una casa con una terraza enorme con vistas al mar, y así será cómo me harán sentir las nuevas paredes de mi vida.

Las tardes con mi abuela

Me encanta pasar tiempo con mi abuela, irme a verla y sentarme un rato a hablar con ella. Pasará a la historia de la familia, a parte de por haber sido una valiente, por decir lo que piensa sin pensar las consecuencias. Creo que es una de las cosas que he heredado de ella y caracteriza a la mayor parte de las mujeres de esta saga que somos. Me encanta que me cuente cosas de cuando era pequeña, me gusta acompañarla a comprar y que me enseñe los criterios por los que se rige una mujer a la hora de comprar un melón, por ejemplo  (es muy divertido, ya lo contaré en otro post). Cosas cotidianas que me ayudan a ser mejor persona.

Ayer me fui a pasar la tarde con ella, nadie la lleva al cementerio y sólo hace que pedirlo. Me comporte como esa nieta ejemplar que cree que tiene y para allá que nos fuimos. Odio ir a los camposantos, son tan tranquilos que siempre que voy llego a la misma conclusión. El día que me muera, que hagan conmigo lo que quieran pero que no me dejen para siempre allí. Que me ponga en un sitio donde haya ruido porque con tanta tranquilidad me convertiré en un alma en pena. Esto es así.

Retomando el tema del que quería hablar, y que hace que me encante pasar tiempo con ella, es que íbamos paseando entre las largas hileras buscando la tumba de mis bisabuelos, de camino,  si veíamos la lápida de algún conocido (para ella), repasaba en minuto y medio su vida, con la correspondiente valoración de si había sido bueno con ella o con alguien de nuestra familia. Esta pequeña disertación era suficiente para hacerle merecedor de una limpieza de lápida. Eso sí, primero las de casa y en un orden matemático y minucioso, equivalente al tiempo que se pasa limpiando cada una. Primero su padre, al que se le limpian hasta las flores, luego mi bisabuela se le quita el ramo para quitarle el polvo (pero ya no se lava) y después el padre de mi abuelo (pasada de trapo para limpiar la cara y ya ni ramo ni historias). Después de camino a la salida, dos o tres que “pobrecicos que solos se han quedao” y a mi es entonces cuando me aparece la sonrisa en la cara, cuando la veo agacharse,  a medida que acaba la frase para quitarle el polvo a aquel que no tiene quien le limpie.

Me encanta pasar tiempo con ella e ir descubriendo las tradiciones, y una forma de vivir que nosotros jamás hemos conocido y que por extrañas nos resultan divertidas. Y a mi me gusta que sea ella quien se encargue de transmitirme ese pozo de sabiduría que es la cultura popular porque entiendes comportamientos, y aprendes a comprender, cosa fundamental en los tiempos que corren.

Inicios

Hace justo siete días que aterricé. Una semana llena de reencuentros y contradicciones. Volver a casa siempre es un placer, pero después de haber vivido situaciones que me han llenado el alma con un desazón, que se me escapa de las manos explicar con palabras, me hace estar viviendo la vuelta de una manera especial.

Los ocho meses en India me han hecho volver a tomar conciencia de muchas cosas que, por comodidad, habían desaparecido de mi mente. Es la primera vez en mi vida que tengo claras muchas cosas, quizá me asusta la claridad con la que se manifiestan las ideas en mi cabeza. Pero no sé muy bien por dónde empezar. El viaje por Cachemira y Rajastán ha sido tan positivo y tan fructífero que todavía se hace más difícil ver con claridad las oportunidades que se presentan en este futuro incierto en que se ha convertido mi tierra.

Así, empieza esta nueva etapa. Sin expectativas, sin prisas. Dando pasos pequeños pero seguros, con confianza, sabiendo que las cosas hechas con el corazón siempre salen bien. Y así estamos, empezando… eternamente iniciando etapas.

La nit de reis

A mi esta noche siempre me ha gustado mucho. Recuerdo cuando mi padre me decía que tenía que dormir con los puños cerrados para que la noche pasara más rápido y me acostaba clavándome las uñas en las palmas de las manos. Y levantarte, y ver los paquetes y volverte loca, todo a la vez.

Sí es verdad que yo he sido una cagona toda mi vida, y yo eso de que entrara alguien en casa que no sabía quien era me daba bastante mal rollo. De hecho, en casa de mi abuela entraban a eso de las 12 de la noche por el corral, y se oía un ruido y yo era incapaz de ir sola a ver qué pasaba. ¿Y si me los encontraba? Claro, allí estaban los regalos y mi cabeza se colapsaba pensando cómo se lo hacían que yo no había oído nada y habían entrado 3, los camellos se habían comido la magreta y yo sin haber escuchado nada…!!

Esta mañana ves a los niños con esa cara de ilusión y me da mucha pena no poder seguir sintiéndolo, y emocionarte en la cabalgata cantando el tirorí como si se te fuera la vida en ello.

Hoy vendrá Baltasar, aunque yo siempre fui más de Gaspar, y creo que este año he sido muy buena… mañana veré!

Bon Nadal

El olor de la tierra húmeda mezclada con la sal del Mediterráneo, me da la bienvenida y me siento muy feliz. Acabo de llegar a casa y sé que esta calma que transmite es lo que me hace querer tenerla cerca, siempre.

Viniendo para aquí me ha dado por pensar en todo lo que ha dado de sí este año, y cómo brindábamos el año pasado por este año de cambios. Algunas decían que el 2011 buah! que más el 2012, pues ya está aquí. Todo vuestro, todo para nosotras!

He de reconocer que estas fechas me ponen especialmente moñas pero que me encantan. Este año ha sido muy especial para mi y voy a tener la suerte de seguir compartiéndolo con la gente que más quiero.

Todos los que este año me habéis aguantado, soportado, apoyado y sobre todo querido, estáis en mi cabeza en este momento, no me olvido de ninguno de vosotros y ojalá podáis estar sintiendo la alegría que ahora mismo siento yo, desde aquí quiero mandaros un poquito de ella porque realmente sois sus artífices.

Me hace inmensamente feliz que forméis parte de mi vida.

Bon Nadal